ANAR A MAIG

Por Alfonso Naharro i Riera

El primer domingo de mayo toda la pagesía ibicenca se concentra en Santa Eulalia del Río bajo el lema de `Anar a Maig´ vamos a tratar de hacer el recorrido primigenio para entender un poco más los misterios escondidos en la trama de una historia remota.

Los primeros turistas fueron peninsulares y llegaron en barcos a remo, quedó la estampa en sa Cova des Vi, bajo el Cap Nunó. La isla estaba totalmente deshabitada y comienza la primera colonización humana. A juzgar por las pinturas rupestres situadas en el oeste, venían de Denia, un poco hippies debían ser pues sentaron sus reales encantados, al amor de una naturaleza paradisíaca. Ibiza se desarrolló tranquilamente durante la Edad del Bronce y, como sus parientes peninsulares, nos facilitaron su cronología dejaddo datos: cerámicas, hachas de bronce, el dolmen de Ca na Costa en Formentera y por descontado los barcos esquemáticos de Cap Nunó, seguramente el más antiguo.

Poco a poco, desde la costa de San Antonio fueron explorando la isla hasta que se convencieron de su estupenda soledad. En pos del agua que afloraba en muchas partes se fueron repartiendo y descubrieron el río. Un río de caudal eterno, único en las Islas (ninguna isla de la vecindad tiene río, ni Mallorca), no se secaba en verano. Toda la vega del río se fue poblando, centrando su comercio y religión en el pequeño puerto fluvial de su desembocadura.

Los primeros ibicencos se aferraron al río y río llamaron a la Isla : `Ib´, en lengua proto ibérica, como Ib Erria, Iberia, pueblos del río (en vasco subsisten los arquetipos). Cuando llegaron los celtas, en el primer milenio antes de Cristo, sumaron la forma de decir río en su lengua: `sa´ unido al `Ib´ queda Ibisa, río río, cosa muy común en España que un topónimo se sume, por ejemplo río Guad-al-quivir: rio río grande (antes Betis), o Guadiana, también río río.

El recorrido que en sus devenires hicieron los pobladores originales desde San Antonio a Santa Eulalia quedaría como arquetipo, y una vez al año lo celebraban acudiendo todos los indígenas a Santa Eulalia desde los más dispares asentamientos de la isla. Celebraban un gran mercado en medio del jolgorio primaveral (Anar a Maig), como una de las tantas romerías que también en mayo se celebran en muchos pueblos de España. En Ibiza todos los caminos siguen el río, rememorando el camino iniciático. Si analizamos el nombre antiguo que los payeses daban al río no nos sorprende que lo llamaran `Valcar´, valle de los carros.

Las romerías ibéricas ya eran narradas por los clásicos griegos: Platón en el Timeo narra como los Diez Reinos de la Atlántica se reunían cada cuatro años en la casa de La Madre (donde reinó Atlas, el primogénito de la saga que pariera Klito, engendrada por Poseidón) en una gran romería que aprovechaban, después de los ritos religiosos, para hacer justicia solucionando los litigios principales de sus vasallos, mientras se comían asados los diez toros lidiados por sus reyes en el templo de la Madre. La Romería del Rocío es la versión moderna de la Atlántica , como el Anem a Maig lo es de otra también muy antigua e ibicenca.

En Ibiza jamás se rompió el nombre original ni se perdieron los arquetipos, a pesar de mil conquistas. Ni tan siquiera los catalanes en la Edad Media pudieron romper con la sardana sus tradiciones, marcadas por su vestimenta, romance propio y folklore de raza. La payesa ibicenca es una dama ibero-púnica, recoge mucho más fielmente, por la insularidad de su hábitat, el diseño antiguo. Me recuerda a la Dama de Elche y sus dos trenzas recogidas en hermoso tocado. Las payesas lucen una estupenda trenza suelta y danzan, casi ruedan, a los acordes de la gaita o flauta y tamboril en la mano izquierda, como en toda España, incluido el Rocío con su gaita rociera. Eterno ritual del macho encandilando a la famella con todo su arte.