EL REINO DE DENIA Y LAS ISLAS

En el 1015, las Baleares, Cerdeña y Denia, formaron una unidad política que mantuvo en vilo al Mediterráneo Occidental. El soberano que consiguió unificar estos territorios, separados y a la postre lejanos, aunque desde la cima del Montgó sea posible ver las costas de Ibiza, fue Muyähid.

Sin duda, el reino de Denia estuvo ligado durante la primera mitad del siglo XI al nombre de su señor Muyähid al- ‘Amirï al-Muwaffaq (1010- 12 a 1045) quien al mando de una poderosa flota naval, una escuadra de 120 naves y 1.000 caballos. Se hizo con las Baleares y emprendió expedición hacia la isla de Cerdeña siendo suya por un año (1015-1016), El texto de al-Himyari dice al respecto: «escuadra con base en Denia y con apoyo en los fondeaderos de las Baleares que facilitaban la singladura hacia Italia». Sus correrías por las costas de Génova, Pisa, la Toscana y el castillo de Luni en Llombardía fue lo que hizo que Dozy le denominara como el pirata más grande de aquella época, lo que no termina de parecernos injusto, ya que en realidad, Muyähid solo realizó una incursión en tierras Italianas, sin embargo, 50 años después de su muerte, crónicos de Pisa le seguían atribuyendo actos de piratería. No se limitó al dominio marítimo, pues también intervino en luchas particulares con los eslavos lo que le permitió, en una ocasión, gobernar Valencia durante dos años (1018-1020).

Las fuentes dicen de él que sobrepasaba en renombre y autoridad a sus iguales los reyes de taifas de al-Andalus, por sus conocimientos extraordinarios, entre los cuales estaba: la ciencia (‘ilm), el saber (ma‘rifa), y la instrucción (adab). Y, al parecer su dedicación a la cultura lo llevó a constituir un gran número de bibliotecas repletas de libros de ciencia, y a dispensar protección a los literatos y a los sabios.

El modo de vida de los sabios de al-Andalus estaba marcado por un continuo viaje entre las principales ciudades o centros culturales andalusíes, entre estos estaba Denia, que destacaría, especialmente, cuando subió al poder ‘amirï, Muyähid (1010-12). A esta ciudad acudieron literatos y prestigiosos sabios, uno de ellos fue Ibn Sïdah, el filólogo más destacado del siglo XI, e incluso se le tiene por el lexicógrafo más importante de al Andalus, cuya influencia en la lexicografía arábiga perdurará durante varias generaciones.

Ibn Sïdah residió en la corte de Muyahid al Amiri (bajo su mecenazgo) al que dedica sus obras con brillantes elogios, y es capaz de explicar la obra de léxico Garíb al Musannaf de Abu Ubayd mejor que nadie en su época. Se le atribuyen varios trabajos, entre los cuales tenemos:

1) al Muhkam wa l muhít al a'zam. Así llamado por ser considerado el mejor y más acertado de entre los léxicos, que sigue la pauta de al Jalil, estructurado alfabéticamente de acuerdo con las reglas fonéticas de ayn a alif.

2) al Mujassas. Léxico a gran escala, en cuyo prólogo, Ibn Sidah explica que una de las razones por las que lo compone, es que los léxicos anteriores eran incompletos y deficientes y no hacían justicia a la gran riqueza del lenguaje arábigo, además de adolecer de falta de explicaciones completas y lúcidas de los términos.

3) al Mujassas va clasificado por materias para comodidad de poetas, oradores y retóricos y dividido en libros, cada uno de los cuales trata de un tema específico, como «el caballo», «el camello», «los pájaros», «las vestiduras», «la comida» y «las mujeres», para lo cual suministra todos los términos conocidos por él y sus principales predecesores (Sibawayhi, Ibn Durayd, Ibn Sikkít, etc;). Como obra aparte de las tres mencionadas, cabe destacar que son de interés filológico los varios comentarios de Ibn Sidah a la antología poética «al Hamasah», a la poesía del gran oriental al Mutanabbi y a los poemas que contiene la obra del gramático al Zayyayi.

Bajo el mecenazgo de Muyähid figuran además de Ibn Sïdah, están Abü-l-‘Alä´Sä‘id b.al-Hasan al Bagdädï; Täbit b.Muhammad al-Yuränï (431/1039) literato, filósofo y astrónomo; Abü-l-Walïd Hisäm al-Waqqasï, filólogo, literato, estudioso de las ciencias religiosas y las matemáticas; Abü Bakr Muhammed b.Ahmad; ‘Abd Alläh b.al-Fadl al-Büntï, gramático y lexicográfico; Ab¨Tammäm al-Qatïnï.

A la muerte de Muyähid en 1045, se hace cargo del poder su hijo primogénito ‘Alï b.Muyähid Iqbäl al-Dawla, nacido de madre cristiana; supo mantener el legado de su padre durante treinta y un años. No obstante de su padre no sólo heredaría el reino de Denia, que durante esta etapa conoció la prosperidad, sino también el gusto por la cultura y el papel de mecenas, fue un soberano pacifico y con fama unánime de sabio y virtuoso, pero su figura no resplandeció como la de Muyähid entre la corte ilustrada.

‘Alï b.Muyähid Iqbäl al-Dawla concedió en 1058 un privilegio (estudiado y publicado por Roc Chabás) por el cual incluye a los mozárabes (cristianos que vivían en territorio musulmán) de sus reinos de Denia y Mallorca dentro de la jurisdicción del episcopado de Barcelona, donando en perpetuidad todas las iglesias de las Baleares y de Denia a la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona y al obispo barcelonés Gilabert, que a su vez se preocupó de que este documento fuera avalado con las firmas de los obispos de Arle, Magalona, Narbona, Nimes, Urgel, Tortosa, Gerona y Vic, congregados, entonces, en Barcelona con motivo de la consagración de la catedral de Santa Eulalia, que el conde Ramon Berenguer I acababa de reedificar. En el acta, cuando se nombran las posesiones, son citadas: « Maiorgas et Minorgas insulas Baleares et episcopatum civitatis Denie et episcopatum civitatis Oriole», de donde se deduce que Oriola formaba entonces parte del reino de ‘Alí. Este privilegio fue muy mal visto por los cristianos de Castilla, que pretendían que Denia fuera sufragaria de la Iglesia de Toledo, como en tiempos de los visigodos y no tardaron en nombrar un obispo para Denia «in partibus infidelium», que debía residir en Toledo «illam hereditatem que fuit Episcopi Denie» de lo que habla un documento toledano de mediados del siglo XII (exhumado por Simonet).